domingo, 5 de julio de 2015

Por Caridad

De: Liza Para: Mi amado Espérame amor mío, que falta poco. Esta noche se siente fría sin ti. Las personas dirán que es una noche de muerte, yo lo recordaré como una noche de entrega, nuestro amor se ha consumado. No podía permitir que suspiraras por otra, tocaras a otra, pensaras en otra, porque tú me perteneciste en vida y me pertenecerás en la muerte. En esta noche, llena de sangre y pasión me despido del mundo y me llevo a mi amado conmigo. Nacimos para estar juntos y moriremos juntos, es mandato divino y así lo haremos. Le doy gracias a Dios por ponerte en mi camino y me despido de este mundo. En esta cuerda pongo mi cuello y en ella dejo sufrimientos que tú amado mío causaste. La muerte es nuestro comienzo. Liza M. Cuando los policías y yo entramos en la habitación matrimonial, solo había dos cuerpos, él con un balazo en el corazón y ella colgaba del techo amarrada con una soga. No podía creer como Liza Merced, joven apasionada, se había suicidado. Todo esto empezó un verano cuando Liza fue a la casa de playa del Señor Merced. Sentada en la arena mirando el mar, se le acercó un joven de buena presencia y se presentó como Bruno Torres, se gustaron desde ese día. Al finalizar el verano volvió a casa, estaba más risueña y de bastante buen humor. Pasaron los meses y los jóvenes decidieron casarse pero, el acaudalado señor no aceptaba al joven por que este no tenía los recursos económicos suficientes para mantener la vida opulenta a la que estaba acostumbrada su hija. Al ver que el rico señor no aceptaba su relación, la niña Liza recurrió al chantaje y al llanto hasta que Don Ricardo dió su aprobación para la boda. Tuvieron una boda como su posición social exigía, era opulenta y de buen gusto y ni hablar de la luna de miel. Liza y Bruno se instalaron en la casa, por órdenes de la joven yo me encargaba de las necesidades de la pareja. Los primeros tres meses la joven pareja vivió un amor intenso y pasional, pero cuando Bruno supo que su esposa tenía una enfermedad en la matriz la cual no le permitía tener hijos, empezó a ausentarse en la casa, llegaba tarde y no compartía en la mesa con la familia pues siempre estaba ensimismado. Yo no presté atención a estas señales hasta que ella empezó a celarlo con todas las mujeres que se le acercaban, se le aparecía en el trabajo y hasta llegó a celarlo con su propia madre, en ese instante supé que Liza había perdido la cordura. Una noche, cansada de tanta amargura y humillación, buscó una cuerda, la amarró al techo y espero a su esposo con un revólver en la mano. Bruno había pensado toda la tarde en cómo le daría la noticia a su esposa. Era una decisión importante para su matrimonio y sería para el bien de los dos. Llevaba los documentos en la mano, entró en la habitación y en vez de recibir un fuerte abrazo o un fuerte grito como sucedía todos los días, ella sacó el revolver que estaba escondido en su espalda y le dio un tiro en el corazón. Bruno dio tres pasos hacia el frente y calló al suelo, se despidió con un “te amo” y murió. Liza, llena de dolor escribió una carta y la colocó en la mesa de noche. Como todos ya sabemos se colgó con una soga, todavía tengo la imagen en mi mente y a veces no me deja dormir. Los enterramos juntos, pues así lo hubiese querido ella. Días después de la muerte pasional de Liza y Bruno, tocaron a la puerta. Yo, como soy el mayordomo, estaba a cargo de la casa pues el señor Ricardo Merced no estaba en ella. Cuando abrí la puerta vi a una monja, la lleve a la sala y le ofrecí una bebida para refrescarse. Luego le pregunté el motivo de su visita, ella me explico que era la encargada de una Casa Hogar para niños abandonados y maltratados. Me dijo que el señor Bruno Torres se quedaba todos los días hasta muy tarde en la Casa Hogar porque estaba evaluando a todos los niños pues quería adoptar a uno porque su esposa no podía quedar embarazada. La última vez que lo vio se había llevado los documentos para la adopción y estaba muy ansioso por darle la noticia a su esposa. La monja vino a la casa a recoger los documentos y a darle a la feliz pareja las gracias por tan linda Caridad. -ZBC